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martes, 6 de noviembre de 2007

Secuestro de carbono en bosques tropicales

INTRODUCCIÓN
La existencia de los bosques partiendo de su importancia no solo se refiere a los motivos medioambientales como la protección de la biodiversidad; a su vez, evitan la erosión y degradación de los suelos, pero además un objetivo importante de ellos es que sirven de sumidero de CO2. Este gas juega un papel importante en el aire regulando la temperatura del planeta comportándose ante la radiación como el vidrio de un invernadero impidiendo que una parte del calor que llega a la tierra se escape hacia el espacio exterior, como consecuencia de ello provoca un calentamiento en la tierra y de las capas de la atmósfera cuyo proceso se denomina efecto invernadero.

Los bosques desempeñan un papel primordial en el ciclo del carbono porque almacenan grandes cantidades de carbono en la vegetación y en el suelo, lo intercambian con la atmósfera a través de la fotosíntesis y la respiración y son fuentes de carbono cuando son perturbados por actividad antropogénica o causas naturales. En los ecosistemas terrestres el carbono queda retenido en la biomasa viva, en la materia orgánica en descomposición y en el suelo; estos ecosistemas, por lo tanto, desempeñan un rol importante en el ciclo global del carbono. El carbono es intercambiado de manera natural entre estos sistemas y la atmósfera mediante los procesos de la fotosíntesis, la respiración, la descomposición y la combustión.


El carbono
En la naturaleza el carbono se halla por doquier: en el agua bajo la forma de compuestos carbónicos disueltos (los carbonatos), y en el aire como dióxido de carbono. Todos los organismos vivos son compuestos de carbono, que se obtienen como resultado de los procesos metabólicos durante su crecimiento y desarrollo, y que son liberados cuando éstos mueren. Aproximadamente, el 50% del peso seco de cualquier organismo lo constituye este elemento, por lo que es uno de los más importantes de la vida (Smith, 1993).

El ciclo del carbono comienza con la fijación del dióxido de carbono atmósférico a través de los procesos de la fotosíntesis, realizada por las plantas y ciertos microorganismos. En este proceso, el dióxido de carbono y el agua reaccionan para formar carbohidratos y liberar oxígeno en forma simultánea, que pasa a la atmósfera. Parte del carbohidrato (D- (+) glucosa) se consume directamente para suministrar energía a la planta, y el anhídrido carbónico así formado se libera a través de sus hojas o de sus raíces. Otra parte es consumida por los animales, que también respiran y liberan dióxido de carbono. Las plantas y los animales mueren y son finalmente descompuestos por microorganismos del suelo, lo que da como resultado que el carbono de sus tejidos se oxide en anhídrido carbónico y regrese a la atmósfera (Schimel, 1995; Smith, 1993).

La fijación de carbono por bacterias y microorganismos es otra manera de disminuir la cantidad de dióxido de carbono, aunque cuantitativamente menos importante que la fijación de carbono por las plantas.

Cuando los organismos vegetales son comprimidos, no son atacados por las bacterias, sino que sufren una serie de cambios químicos para formar turba, luego carbón pardo o lignita, y finalmente carbón. Los cuerpos de algunos organismos marinos pueden sufrir cambios semejantes y formar, en un largo periodo, petróleo. Estos fenómenos significan la sustracción de parte del carbono al ciclo, pero más tarde los trastornos geológicos o las obras de minería o perforación realizadas por el hombre llevan a la superficie el carbón o el petróleo, que será quemado hasta convertirlo en CO2, volviendo en esta forma al ciclo inicial.

La mayor parte del carbono de la Tierra se encuentra en rocas bajo la forma de carbonatos, como la piedra caliza y el mármol. Las rocas se gastan poco a poco y con el tiempo los carbonatos vuelven al ciclo del carbono. Sin embargo, en el fondo del mar se forman otras rocas a partir de los sedimentos de animales y plantas muertas, de modo que la cantidad de carbono en el ciclo permanece casi constante (Sampson, 1993).


El fenómeno del cambio climático
El fenómeno del cambio climático se ha denominado a las variaciones en el patrón del clima por la intervención humana. Esta alteración ha modificado el balance de la atmósfera en su capacidad de permitir la radiación mediante el ingreso de los rayos solares y la irradiación con la que se expulsa el calor solar al espacio.

Se ha identificado que la alteración del balance para la radiación y la irradiación atmosférica procede de las modificaciones de los gases denominados gases de efecto invernadero, los cuales intervienen en esos procesos de atrapar y expulsar el calor solar. Los gases de efecto invernadero son principalmente el dióxido de carbono (CO2), el metano (CH4), el óxido nitroso (N2O), los clorofluorocarbonos (CFC), el ozono (O3) y el vapor de agua. (Villalobos, S. F., 2005).